3/10/2009

El Campo


Algunos suelen vivir la vida preocupados por las cuentas por cobrar, las deudas, los vecinos, las facturas que no les pagan, los proveedores, los servicios, que si hay que buscarle sitio a las rosas que te mandaron, o si hay que emitir un nuevo memorandum, otros en cambio, radican su vida frente a un lago, o un río, incluso frente al mar, en la sencillez, sin ostentar, bajo el abrigo de árboles, en una sábana o en medio de la maleza, con botas de campaña o chancletas, da igual lo que hagas o dejes de hacer, lo importante de disfrutar la existencia es que te agrade lo que estas haciendo, sino, ni tiene caso intentarlo, por eso muchos disfrutan de sembrar algo de paz, rodeado por la simpleza, en ocasiones es más agradable que lo complejo, lo sereno que es ver los colores del agua, mientras sopla un bello sonido de entre la selva, se trata de la brisa de la mañana, que invita a saborear los sabores del monte, el venado, la ternera, unos champiñones, vale la pena soñar entre tomates, disfrutar una cena con exceso de sabor a aliños si luego puedes describir el placer de los sentidos que produce estar presente en algo que se llama vivir.

Claro que sobrevivir a determinadas cosas depende de lo bien que te hayan enseñado, de cuan amable es la gente que te rodea, de los fenómenos que se presentan en cada oportunidad, sean estos derivados del devenir o sencillamente generados por la sintonia de seres, y relatar estos hechos es lo que hace que valga la pena la tarea.



Escribir es no saber que pasa fuera de tus ilusiones, es tantear en el mundo de las pasiones, es el dolor de lo que te quitan, el sabor de la melancolía que te arrebatan, es llevar tu vida al lado de quienes te leen, pero, no te siguen, y quizás ni te entienden.



Labrar unas estrofas, enlutar una prosa, engalanar una poesía, elevar plegarias son la misma cosa; la duda y a la vez lo cierto, el desamor y lo lejano del deseo, revisar cada silaba para construir nueva lírica, y, aún llenar mil y un páginas significa algo menos que nada.



Pues la escritura sin musas o en el vacío no te deja mucho, no abarca nada, no te eleva los latidos, los sentidos no concuerdan absolutamente ninguno, hay tanto rodeo, sin embargo, si los escritores hubiesen abandonado su trabajo, caótico sería el quehacer de los demás seres humanos.



No considero otra cosa más imprescindible que usar mis manos, no para lo malo, como algunos que empuñan armas, para eso están algunos de los que me acompañan ¿Dónde estará la flor de entre tus legados? ¿Quién contaría algo de no escribirse nada? ¿Por qué cuando sueñas con algo todo te lo tiran al traste? Parece un mundo terrible y lleno de rencor aquel donde la palabra no tiene precio, o peor aún, le han codiciado tanto que le destrozan hasta convertirle en silencio.

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